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Capítulo 1 |
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septiembre de 1945, Masaru Ibuka llegó a Tokio, una ciudad
que había quedado destrozada por la guerra, para comenzar
a trabajar. Los Grandes Almacenes Shirokiya en Ni Nihombashi
(después Almacenes Tokyu que cerraron en enero de 1999),
se convirtieron en el nuevo taller de Ibuka y su grupo. El exterior
de concreto del edificio, que apenas había sobrevivido
los incendios de la guerra, presentaba grietas por todas partes.
La nueva oficina era pequeña, sombría y sin ventanas,
pero gradualmente empezó a cobrar vida cuando llegaron
de la fábrica de Suzaka, tanto el material de construcción
como el personal queformaría parte de Shirokiya.
En octubre, Ibuka y su grupo establecieron una nueva empresa
llamada "Tokyo Tsushin Kenkyujo" (Totsuken) o Instituto
de Telecomunicaciones de Tokio. A pesar de los buenos deseos
que todos tenían, no sólo de trabajar en la nueva
compañía, sino también de poner sus conocimientos
de ingeniería al servicio de la reconstrucción
de Japón, nadie sabía al principio qué
hacer. La mayoría de los salarios se pagaban por medio
de los pequeños y cada vez más limitados ahorros
de Ibuka. Para mantenerse en operación era preciso hacer
algo.
Después de la guerra, los japoneses experimentaban gran
avidez de información sobre el resto del mundo. Muchos
tenían radios dañados durante la guerra o aparatos
cuya unidad de onda corta había sido desconectada por
la policía, para impedir que el usuario sintonizara la
propaganda del enemigo. La fábrica de Ibuka reparaba
radios y hacía convertidores de onda corta o adaptadores,
que podían convertir fácilmente los radios de
onda media en receptores de cualquier longitud. La demanda de
esos radios crecía rápidamente.
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Los adaptadores de onda corta atrajeron sumamente la atención
del público y el Asahi Shimbun los presentó en
su reconocida columna "Lápiz Azul". Eso tuvo
por consecuencia un aumento significativo en la demanda, pero
sobre todo un efecto inesperado: reunió a Ibuka y a Akio
Morita, los fundadores de Sony.
Al leer la columna que mencionaba el nombre de Ibuka, Morita
escribió una carta para su amigo. Ibuka, por su parte,
le contestó al instante y lo instó a regresar
a Tokio. A pesar de que a Morita le habían ofrecido un
puesto como conferencista en al Instituto de Tecnología
de Tokio (Tokodai), no perdió tiempo en trasladarse a
Tokio y renovar la amistad que los unía.
Ambos se conocieron por primera vez durante las reuniones del
Comité de Investigaciones en Período Bélico,
que estudiaba nuevos tipos de armamentos durante la guerra.
Se convirtieron en amigos íntimos, aunque Ibuka le llevaba
a su compañero más de 12 años.
Las reparaciones de radios aportaron a los empleados una recompensa
adicional a su trabajo, pues más allá de las comisiones
normales por servicio, frecuentemente recibían arroz
en las casas que visitaban para dar mantenimiento a los equipos.
Esto era muy importante en una época de gran escasez
alimentaria.
Subsecuentemente, la fábrica de Ibuka produjo una olla
eléctrica para hacer arroz. Dado que las plantas de guerra
habían cerrado, había un amplio suministro de
electricidad. Y ese excedente, alimentaba el deseo de Ibuka
de producir artículos necesarios para la vida cotidiana.
La olla eléctrica para hacer arroz, elaborada entrelazando
electrodos de aluminio conectados a la parte inferior de una
cubeta de madera, era un producto a todas luces primitivo: el
resultado dependía del tipo de arroz usado y del peso
del agua. Era raro obtener un arroz verdaderamente sabroso y,
en general, la olla producía arroz poco o demasiado cocinado.
Fue un primer fracaso memorable para Ibuka y su grupo. |
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